Martes, 23 de abril de 2019

Venía de hacer la compra. Me topo con Sergi Pàmies que me dice que se va a firmar. Un puesto de rosas. Dos adolescentes rubias y muy serias y una niña de pelo negro sonriente. Aunque hace tiempo que no me fijo en las adolescentes, mis pasos se desvían y estoy como un tonto contemplando el puesto de rosas. Rosas. Una espiga. La combinación siempre me ha resultado algo repulsiva. Y la banderita patriótica. Dios, toda la vida así. Rosas, adolescentes, banderitas, luego la mujer que te regala un adefesio de libro. La más espabilada me suelta: Si compras tres, te sale más barato, y además te regalamos la galletita. Sucumbo. Debo de estar dormido. La otra adolescente tiene unos ojos que ya se puede apagar el mundo, que no me enteraría. Acepto. La niña sonriente me entrega la galletita. Como un bobo cruzo el semáforo.

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