Martes, 30 de agosto de 2019

-Soy Man Ray -puntualiza Man Ray al momento de decir: “No me llamo Man Ray”.
Yo, sin embargo, tiendo a decir: “Me llamo Rodrigo Lanuza”, en vez de “Soy Rodrigo Lanuza”.
Eso me lleva a pensar en la sutileza, punto que homérica y única del castellano, entre ser y estar. No voy a presentarme: “Estoy Rodrigo Lanuza”. Y, en este punto, me da por jugar con las palabras, para variar. Siempre empezando por mí mismo: Lanuza, La Nurse…. “Soy la nurse de Rodrigo…” “Soy su nurse”; parece que hablo en inglés.
¿Pero hay alguien ahí? ¿Man Ray? ¿Rodrigo Lanuza? ¿Su nurse?
Podría estar presente la nurse de Man Ray. A lo mejor es a ella a quién le habla con tanta altanería: “Soy Man Ray”. Como si eso le importara a la nurse de Emmanuel Radnitzky. La primera vez que le oyó lo de Man Ray se le acababa de caer un juguete de la cómoda.
Sonó como si el niño hubiera soltado un taco. ¡Man Ray! Colocó el caballito de cartón en su sitio y no le dio mayor importancia. Emmanuel Radnitzky se la quedó mirando. Estaba en el suelo, con la rabieta a la espera del desarrollo de los acontecimientos. “Se va a enterar esta -dijo- quién es Man Ray”.

Domingo, 21 de julio de 2019

Sus ojos serán bonitos, me parece, porque son pequeños y están hundidos. Las capas de lápiz y brocha negros no lo remedia.

Negra era la falda, que mostraba unos muslos tan generosos como insultantes para el calor de julio. Por eso, sin embargo, llevaba los pies zambullidos en unas zapatillas abiertas, de plataforma, blancas, creo recordar. Rojo madreperla, sin duda, era el color de sus labios y el de sus uñas, así como también era negro en el fleco y en el pelo, que se adivinaba teñido y débil.

Hablaba con voz muy baja y así también se excusó cuando, de las filas traseras, se elevó un vocerío denunciando que no se oía lo que decía. Tampoco es que dijera mucho. Quizá por el calor que reinaba en la sala, plena de ayes y abanicos.

Echando una ojeada a su poesía lo entiendo todo. Como golpes de puño en la hoja, sin reverberación. Sin gracia. Ha visto que existen las palabras, como el rojo madreperla y el azabache, y las ha dejado caer, así como arroja hacia el frente la mirada sin pestañeo de sus ojos pequeños y atrasados.

Viernes, 19 de julio de 2019

Hoy al mediodía me tropecé con la Regia. Hacía tiempo que no nos cruzábamos. Venía hacia mí ligeramente inclinada, la cara descompuesta, y no solo por las múltiples operaciones faciales que le han practicado. Muy próxima ya, esbozó una sonrisa y abrió la boca como para decirme adiós.

Hubiera dejado que se apoyara en mi brazo hasta llegar a su casa. En todos estos años solo hemos intercambiado miradas, apenas una sonrisa, jamás una palabra. Me hubiera gustado oír su voz, escucharla, nada más.

Sábado, 6 de julio de 2019

Me sorprende más lo que no escribo que lo que anoto en este diario. Es como una forma de resistencia o de poner en práctica que antes que la historia está la necesidad de referirla.

Ya fue. Y ahora poco me importa que no haya transcrito aquí: Los Asules, los días en La Punta, el reencuentro con los compañeros de colegio, la presentación de la poesía reunida en Santa Cruz de Tenerife (nada menos), el accidentado regreso a Barcelona a través de Málaga, la noche en el Romerito…

Mientras, se acercan los días de encuentro con JPGM. Veremos.

Lunes, 17 de junio. Los Asules

Ni la más mínima necesidad de contar la historia con el ángel de luz, AGS, aparecido, al cabo de treinta y cinco años, en las semanas últimas. ¿Por qué se dan estos encuentros fortuitos, que se desarrollan de forma lógica, mágica, maravillosa.

Segundo día en Los Asules. Como andan de reformas, apenas estamos nosotros. El mar está tan en calma que parece un perro faldero. En su rostro hundo mi cara.

Luna llena.

 

Martes, 28 de mayo de 2019

Las sillas no son para sentarse. La silla plantea al cuerpo la posibilidad de sentarse, que es otra cosa. Lo saben algunos cuerpos que, en vez de tomar asiento, elevan la silla como un elemento de danza. Las sillas se cuentan historias entre ellas, en las que siempre aparece el vacío. No, las sillas no son para sentarse. El fabricante de sillas trabaja de pie. Es como el agua, que no sirve para calmar la sed. Si la bebemos con esa intención es muy probable que muramos. Hay que dejar pasar el agua, dejar que baile con nuestra lengua, que su dulzura se compenetre con la nuestra.

Se nota que estoy muy contento con los resultados políticos de últimos político. Un poco más y estaré en el Barranco de Ourika.